TARJETAS REVOLVING

 

Las tarjetas revolving o de pago aplazado son un tipo de tarjeta en la que dispones de un límite de crédito determinado, que puede devolverse a plazos, a través de cuotas periódicas. Éstas pueden establecerse como un porcentaje de la deuda existente o como una cuota fija; cuotas periódicas que puedes elegir y cambiar dentro de unos mínimos establecidos por la entidad.

Su peculiaridad reside en que la deuda derivada del crédito se “renueva” mensualmente: disminuye con los abonos que haces a través del pago de las cuotas, pero aumenta mediante el uso de la tarjeta (pagos o reintegros en cajero), así como con los intereses, las comisiones y otros gastos generados, que se financian conjuntamente.

Las tarjetas revolving suelen ofrecer distintas opciones de pago:

-Pagar una cantidad fija mensual. El cliente fija el importe que quiere pagar cada mes, con independencia del gasto mensual de la tarjeta. De esta manera el importe a pagar siempre es el mismo y si el gasto es mayor, se acumulará en el crédito dispuesto: la deuda que se pagará con los intereses correspondientes. Con este sistema, si la cuota establecida es pequeña, puede que no alcance siquiera para cubrir el pago de los intereses generados, de manera que, tras el pago de la cuota, la deuda pendiente no solo disminuye, sino que aumenta.

-Pagar un porcentaje de la deuda pendiente. En este caso el consumidor paga cada mes un porcentaje del crédito consumido, con una cuantía mínima por recibo. Este segundo sistema de pago tampoco es recomendable, pues induce a entrar en una espiral de deuda continua, en la que nunca se acaba de pagar: cuanto menor es el saldo pendiente, menor es también la cuota que hay que pagar, con lo que se alarga de manera innecesaria el plazo de devolución (y aumenta la cifra de intereses).

Este producto de crédito ha ganado en popularidad gracias a su flexibilidad y, sobre todo, lo lucrativo que resulta para los bancos. Los intereses por aplicar en una tarjeta revolving pueden alcanzar el 25%, lo que los convierte en usurarios. Por eso, la Ley de la Usura se ha convertido en una herramienta para que los clientes de entidades bancarias recuperen su dinero.

 

En realidad, una tarjeta revolving es un préstamo preconcedido. Esto supone dos riesgos principalmente:

Potencian el consumo: Al tener el crédito permanentemente disponible el consumidor puede utilizarlo irresponsablemente. Ten en cuenta que cada euro devuelto se convierte en un euro disponible. Además, como no se devuelve la totalidad del saldo siempre queda un remanente de deuda que genera intereses. En definitiva, el consumidor termina incurriendo en una espiral de endeudamiento. Muchos usuarios de tarjetas revolving terminan pagando prácticamente intereses, de modo que nunca terminan de amortizar el capital.

Incorporan elevadas tasas de interés: Los intereses superan el 25% en muchos casos, y el 20% en la práctica totalidad de ellos. Esto ha hecho que el préstamo preconcedido asociado a la tarjeta revolving se considere un crédito usurario, y pueda reclamarse mediante la aplicación de la ley de usura de 1908 (ley de Azcárate).

Las principales vías para recuperar el dinero perdido en estos productos son:

Ley de Azcárate: Los elevados intereses que se aplican con estas tarjetas permiten su impugnación por aplicación de la ley de usura. Esta es la vía habitual de reclamación desde que la Sentencia del Tribunal Supremo nº 628/2015, de 25 de noviembre, declarara que las tarjetas revolving pueden resultar usurarias.

Falta de transparencia: En determinadas ocasiones puede invocarse la nulidad de la cláusula de intereses si la tarjeta se ha comercializado sin ofrecer la información debida. Ten en cuenta que la jurisprudencia exige un doble control de incorporación y transparencia cuando se celebran ciertos contratos con consumidores y usuarios.

El control de incorporación: Está regulado en los artículos 5 y 6 de la Ley de Condiciones Generales de la Contratación. Básicamente requiere que se informe específicamente acerca de este tipo de condiciones, que deben redactarse de forma transparente, clara, concreta y sencilla.

El control de transparencia: Está regulado en los artículos 3.1 y 4.2 de la Directiva 93, Determina la nulidad de una cláusula que no se negociaran individualmente (condición general de contratación) y cause un desequilibrio importante entre los derechos y obligaciones de las partes. En este sentido, el consumidor debe conocer las consecuencias jurídicas y económicas del negocio. No basta, por tanto, con una mera información, sino con el entendimiento real de la relevancia de esta cláusula en el contrato. Y ello porque no comprender esta relevancia supone un error en el consentimiento del consumidor.

En sintonía con lo anterior, pesa un especial deber de diligencia sobre el banco a la hora de informar sobre la trascendencia de estas cláusulas. Entre otras normas, resulta aplicable la normativa MIFID II, Ley de Mercado de Valores, el R.D. 217/2008. Este deber de diligencia es particularmente difícil de cumplir en un producto como la tarjeta revolving, donde no puede ofrecerse un cuadro de amortización previo dado el carácter variable del crédito.

En definitiva, existen vías para anular una tarjeta revolving y recuperar lo pagado de más. La principal es la ley de usura, que permitirá que tu abogado te libre de la deuda y recupere tu dinero. Pero, sobre todo, lo mejor es estar bien informado antes de contratar productos de este tipo.

Entre las tarjetas de tipo revolving comercializadas en España de forma más frecuente, se encuentran las siguientes:Tarjeta Wizink, Tarjeta Affinity Card, Tarjeta Oney Alcampo, Tarjeta Bankinter Obsidiana / Bankintercard,  Tarjeta BBVA A Tu Ritmo, Tarjeta BBVA Después,  Tarjeta El Corte Inglés,  Tarjeta Cetelem,  Tarjeta IKEA,  Tarjeta Santander Consumer Finance,  Tarjeta MBNA / EVO FinanceTarjeta Carrefour PassTarjeta Caixabank Oro,    Tarjeta Caixabank GO,  Tarjeta Vodafone, Visa Eroski Red, Tarjeta Barclaycard, Tarjeta Citibank… Además, también hay créditos de tipo revolving que se comercializan como líneas de crédito sin tarjeta física, como es el caso de algunos de los comercializados por financieras como Cofidis, Vivus o Creditea.

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